viernes, 7 de diciembre de 2012

Señora con 79 años y lumbalgia


  • Desde hace años me duele el lumbago una enormidad. Vengo para que me pida una resonancia a ver que tengo.
  • La radiografía que me trae es completamente normal para su edad.
  • Eso dice mi médico, pero a mí me duele. Algo tengo que tener.
  • ¿Que hace usted en un día normal?
  • Pues lo normal, la casa, los nietos.
  • ¿Lleva usted sola la casa y los nietos?
  • Sí, claro. Pero a los nietos sólo entre las 8 de la mañana y las seis de la tarde. 
  • ¿Y su casa está limpia?.
  • Como una patena. Y mi patio es la envidia de todo el barrio. Mis macetas son preciosas. 
  • ¿Tiene muchas?
  • Como doscientas, y a cual más bonita.

Tras explorarla y comprobar una movilidad envidiable, una pésima musculatura, un abdomen digno de una embarazada de 10 meses, lorzas generalizadas y una contractura eterna por toda su columna lumbar, me pregunta:

  • ¿Qué tengo doctor?
  • Tiene usted una columna tan, tan sana, que es capaz de soportar todas las barbaridades a las que usted le obliga, quejándose muy poco.
  • ¿Y que me tengo que tomar?.
  • Le receto una casa guarra, unos nietos que sean para sus padres, regalar la mayoría de sus macetas y la dieta etíope.
  • ¿Pero como es eso?
  • Pues que contra más limpia esté su casa, a más niños cuide, a más macetas riegue y pode y cuanto más coma, más dolores va a tener usted. 
  • ¡¡¡Pero si yo no como nada¡¡¡. Vamos, lo que como cabe en esta mano. 
  • Hágame caso, la dieta etíope consigue que todos ellos estén delgados ¡¡¡Y ni uno va al endocrino¡¡¡.
  • ¿Y que hago con los nietos, si mi hija y su marido trabajan los dos?.
  • ¿Le pidieron permiso a usted para casarse, trabajar los dos y para tener hijos?.
  • Pues claro que no.
  • Pues lo que ellos decidieron libremente es su responsabilidad. No se puede ser libre para tomar decisiones e irresponsable para colocarle las consecuencias a la madre de 79 años.
  • ¿Entonces no me va a mandar pastillas ni pedirme una resonancia?
  • ¿Le han servido algunas de las pastillas que le ha recetado su médico de cabecera?.
  • Pues no
  • ¿Cree que mi Ibuprofeno es más eficaz que el Ibuprofeno de su médico de cabecera?. ¿La resonancia le va a cuidar a los nietos, podar las macetas, limpiar su casa y le va a quitar la grasa que le sobra?.
  • Pues no.
  • Entonces usted debe decidir entre cambiar su ritmo de vida o seguir padeciendo dolores lumbares.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Gestión de la Sanidad: ¿pública o privada?


Gestión de la Sanidad: ¿pública o privada?

Según todas las encuestas disponibles, la sanidad es considerada por la inmensa mayoría de españoles como lo mejor que tenemos en nuestro sistema. Más de 90% de españoles, según la última encuesta de El País, están satisfechos o muy satisfechos con la sanidad pública.

No me cabe ninguna duda de que es un logro por el que merece la pena luchar: sanidad universal y gratuita. Pero no necesariamente pública.

En España coexisten dos modelos de sanidad gratuita: la gestionada desde lo público, es decir por políticos, y la de gestión privada, es decir por empresas.

La pública la conocemos todos y no voy a ahondar en ella.

La de gestión privada sólo la conocen los funcionarios no sanitarios, pues sólo ellos pueden escoger libremente entre una compañía privada o la seguridad social. Un funcionario, a principios de cada año, puede escoger entre Adeslas, DKV, Asisa, etc o la seguridad social, para que se hagan cargo del 100% de su gasto sanitario. El Estado paga a la compañía elegida una cantidad fija por asegurado y, con este dinero, la compañía tiene que cubrir todo el gasto que haga el contribuyente. El Estado, por su parte, regula y decide los servicios mínimos que debe cubrir esa compañía, que son exactamente los mismos que debe cubrir la seguridad social. 

Más del 90% de los funcionarios escogen compañías privadas.

Lo que funciona, y muy bien por cierto, para los funcionarios, ¿porqué no ampliarlo a todos los españoles?. Que cada español decida por sí mismo el sistema que quiere. No quiero que decidan por mí los que defienden a capa y espada la sanidad pública ni tampoco quiero, como está haciendo el PP, que me obliguen a ir a un hospital privado, porque me toca según mi zona.

Quiero poder escoger. Que en cada mes de enero pueda decidir entre Asisa, Adeslas o la seguridad social. No quiero que las ideas políticas de los demás me cierren las puertas a algo cuando es posible escoger. Quiero escoger mi compañía sanitaria gratuita, quiero escoger el colegio gratuito de mis hijos y no que ningún dictador me lo imponga.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Niños hiperactivos


No domino en absoluto este tema, por lo que no voy a hablar de los verdaderos niños hiperactivos, que necesitan de una atención y cuidados especiales.

Sin embargo, sí quiero hablar de los cientos de miles de niños a los que se les pone la etiqueta de hiperactivos cuando en realidad no lo son. Son simplemente niños.

Cuando recuerdo como me criaron a mí y veo como se educa ahora, saltan una enorme cantidad de diferencias. No pienso que lo anterior fuera mejor ni peor, sino simplemente diferente a lo que hay en la actualidad, sencillamente porque el mundo ha cambiado y los valores también. 

Tener hijos no era una elección, sino la consecuencia natural de practicar sexo. No se deseaba ser padre, simplemente tocaba. No venían la cantidad de hijos que uno deseaba sino los que “Dios quería”, que solían ser muchos. Claro, Dios después no tenía que hacerse cargo de ellos.

La consecuencia de ello era que para tener un mínimo de orden en la casa, la disciplina debía ser férrea y se tendiera más al castigo físico que a la educación. Un tortazo, o la simple posibilidad de que te lo dieran, arreglaba problemas en un segundo mientras que  un diálogo hubiese consumido un tiempo precioso para otros menesteres ineludibles (y había muchos que hacer y poca ayuda tecnológica).

Además, con jornadas de trabajo de 12 horas para el padre y eternas para la madre, la atención que se podía prestar a 8 o 10 mocosos era más bien escasa. Esto se suplía con la calle. Desde muy pequeñitos salíamos muchas horas a la calle, solos, para encontrarnos con nuestros iguales y hacer una vida de niños. Las matemáticas, leyes ortográficas y el catecismo no conseguían apagar la llama de la imaginación infantil, que se encendía cada tarde con los amigos del barrio. Nadie esperaba nada de nosotros. Se suponía que nos educábamos nosotros solitos y aprendíamos a relacionarnos de la manera más natural que existe: relacionándose con iguales mediante el juego. Siempre había un adulto que pasaba por la calle que nos recriminaba si hacíamos el gamberro, que por cierto, sucedía con demasiada frecuencia.

Ahora la paternidad es una elección y, como tal, una ilusión. Dios querrá muchos hijos, pero las parejas no. Esto ha hecho que se mitifique la paternidad/maternidad hasta unos extremos a veces irrisorios. Los niños han pasado de ser algo “natural” a ser objetos de deseo, cuando no de culto. Hemos descubierto algo insólito: los niños no son de plastilina, sino que son frágiles y hay que protegerlos. Además, al aumentar el grado de responsabilidad paterna, sentimos que se lo debemos todo y que tenemos que hacer lo mejor para ellos. Hay que hacerlos perfectos. Tienen que ser cultos, tocar el violín, practicar deportes, bailar de maravilla, leer mucho, apuntarlos a todo tipo de actividades. En resumen, tenemos unas expectativas altísimas depositadas en ellos y, de ahí a la exigencia y al atosigamiento, sólo hay un paso. Los padres quieren que el hijo tenga todo lo mejor, pero lo que percibe el hijo es que está averiado y hay que arreglarlo, con toda la carga de stress y ansiedad que ello conlleva. 

Los niños ya no viven, como antes, en su mundo de niños gamberreando solos en la calle. Están siempre en un mundo de adultos, con expectativas de adultos y estímulos de adultos (por mucho que sean actividades pensadas para niños). Y cuando se encorseta a alguien en un mundo en que no puede desarrollarse de manera natural, surgen las angustias, ansiedades y lloros incontrolados. 

Sería muy positivo que se volvieran a recuperar las carreras en la calle, las escaladas a los árboles, las relaciones entre niños solos, sin adultos de por medio. Cuatro piedras que sirvan de postes y un balón de fútbol liberan las tensiones en los niños. Si esto no se hace, las patadas se darán a los muebles de la casa o a los pupitres del colegio y se llegará finalmente a la etiqueta de niño hiperactivo.

Los adultos estamos construyendo un mundo para niños, pero esto no es lo que les hace falta. Son ellos los que se tienen que construir su propio mundo en la calle y con sus iguales.

martes, 9 de octubre de 2012

Estilo de vida saludable y enfermedad


Se sabe que la triada comer bien (que no mucho), hacer ejercicio y evitar los tóxicos conforman el estilo de vida saludable que nos protege de enfermedades.

Pero lo que no se sabe tanto, y la experiencia de cualquier médico observador así lo atestigua, es que si bien es cierto que no llevar una vida saludable lleva a enfermedades, es mucho más frecuente que la enfermedad sea la responsable de llevar un estilo de vida insano.

Parece un contrasentido, pero no lo es. Cuando a una persona se le diagnostica una enfermedad puramente orgánica (ojo, que lo de puramente es falso, pero me sirve para explicarlo mejor), como un infarto, una diabetes, colesterol alto o hipertensión, suele esforzarse mucho en comenzar a tener hábitos de vida más sanos. El hipertenso se priva de sal, el que tiene colesterol se da cuenta de pronto que existen las verduras y frutas, el diabético suprime azúcares refinados o el que ha sufrido un infarto deja de fumar y comienza a hacer ejercicio para fortalecer el corazón. En estos casos, la enfermedad propicia realizar una vida más sana.

Pero la mayoría de problemas de salud que nos aquejan no son puramente orgánicos, es más, en la mayoría la organicidad sólo es la manifestación de heridas emocionales.

Una persona que siempre está estresada, tensa, preocupada por todo, que tiene la sensación de que tiene que luchar duramente para conseguir algo, que tiene que apelar continuamente a su fuerza de voluntad para hacer lo que debe, en vez de tener la motivación, y por consiguiente el entusiasmo, para hacer lo que quiere, que no sabe delegar y todo lo tiene que hacer en primera persona para que salga bien, que se siente obligada por su “conciencia” a sufrir por todo y por todos, una persona que demasiadas veces se siente culpable, en vez de responsable, que continuamente se castiga con pensamientos de si será lo suficientemente buena. En resumen, una persona (y son mayoría) que no ha conseguido un equilibrio interior, una paz consigo misma y con su entorno. Una persona que más que amar lo que hace, sufre por lo que hace y por lo que no hace y le gustaría hacer.

El mundo es como es y no como nos gustaría que fuera y, en el mismo instante que aceptes este mundo, estarás mucho mejor preparado para cambiarlo, no con fuerza de voluntad sino con motivación.

Este tipo de personas (no todas las características mencionada se tienen que dar) pueden hacer las cosas por amor, pero no con amor, y esto supone tal esfuerzo mental y emocional que se “agotan”, se embotan, no encuentran salidas. Este brutal desgaste emocional se traduce en comer mal y a deshoras, en no hacer ejercicio, a veces lleva a entregarte a tóxicos, como el alcohol, tabaco, helados, pasteles, que te dan una pequeña alegría pasajera en un calvario continuado. Y lo que es peor, a relacionarte poco y mal con tu entorno: pareja, hijos, amigos, etc.

A veces, también a base de fuerza de voluntad, se ponen a régimen o se apuntan al gimnasio, pero es un esfuerzo añadido, un nuevo deber que más tarde o temprano se abandona. Incluso hay algunos que se pasan al otro extremo y se obsesionan con llevar una vida hipersana, pero éstos, más tarde o temprano, también terminan estallando, como sucede cuando no hay equilibrio.

No es fácil encontrar el camino de la paz personal, y sin lugar a dudas se debe comenzar por comprenderse mejor, por ser honesto con la propia biografía y saber los porqués de muchas reacciones que tenemos. Aprender a desaprender lo aprendido.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Autobiografía como terapia


En muchas ocasiones, la visita a un buen psicólogo podría mejorar muchos síntomas que creemos orgánicos pero que en realidad vienen de una inadaptación emocional.

Un sustituto barato, quizás no tan eficaz, pero no menos doloroso, es escribir una autobiografía HONESTA.

Para que una autobiografía funcione deben de cumplirse los siguientes requisitos.

1.     Mientras se escribe, se tiene que tener la certeza absoluta de que nadie, absolutamente nadie, lo va a leer. Esto es lo más importante de todo.
2.     No dulcificar ninguna situación vivida. Contarla tal y como la recordamos.
3.     No salvaguardar la propia imagen. En caso contrario se tendería a adaptar los recuerdos a nuestra imagen actual para no ponerla en tela de juicio.
4.     No justificarse ni justificar a otros.
5.     No juzgarse ni a sí mismo ni a los demás.
6.     Escribir lo que sucedió y lo que se sintió. También se puede contar lo que los recuerdos te están haciendo sentir en el momento en que escribes. Pero nunca juzgues, sólo siente.
7.     No vale con pensarlo sin escribirlo.
8.     Si el recuerdo está entre tinieblas, escríbelo de todas maneras y, sobre todo, escribe lo que sientes entre esas tinieblas.
9.     Si no estás dispuesto a escribir la verdad de lo que recuerdas no lo comiences. No servirá de nada. La verdad tiene muchas caras y aquí no se trata de ser objetivo ni de ser justo con nadie. Se trata de escribir lo que recuerdas, aún sabiendo que lo que recuerdas puede no ser exacto, e incluso puede estar absolutamente equivocado, pero es lo que te ha forjado. 

martes, 10 de julio de 2012

Medicalización

La salud es definida por la Constitución de 1946 de la Organización Mundial de la Salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Basándose en esta peligrosisíma definición se han medicalizado multitud de problemas sociales, personales o laborales creándose unas necesidades de “tratamiento” ficticias y una dependencia cada vez mayor de la sociedad de los médicos y los laboratorios farmacéuticos, que presumen de tener recetas mágicas para solucionar aquello que, en realidad, no se soluciona con química sino con cambios de actitud o simplemente usando el sentido común.

No es conveniente para las multinacionales farmacéuticas ni para muchos médicos, que las personas se responsabilicen de su estado de salud. Es mucho más rentable hacerlas dependientes de la mayor industria que existe: el negocio de la salud.

Sacar un nuevo fármaco de calidad es muy caro. Por el contrario, inventar una nueva enfermedad y aplicarle fármacos antiguos a esa nueva patología es muy rentable.

Algunas “nuevas enfermedades”

1. La timidez ya no es una manera de ser, es algo que hay que tratar.
2. Se le muere un ser querido o pierde su trabajo: usted no está triste. Sufre depresión. Y para la depresión tenemos muchos y variados antidepresivos.
3. Tiene 75 años y sigue trabajando como una mula, manteniendo su casa limpia y cuidando de tres nietos, sus lógicos dolores de espalda se deben a los pinzamientos de discos para lo que le podemos recetar antiinflamatorios, analgésicos múltiples, opiáceos de nueva generación y condroprotectores. Así le dolerá algo menos y podrá seguir machacándose.
4. A la señora le duelen los pies, pues le diagnosticamos pies cavos o pies planos anteriores y le recetamos la correspondiente plantilla y un antiinflamatorio para que pueda seguir deformando sus pies con zapatos de tacón o planos.
5. El crío es más trasto de la cuenta, tranquilizamos a los padres haciéndoles ver que ellos no tienen nada que ver en ello, ni el sistema educativo es deficiente: su hijo tiene un déficit de atención que, con el medicamento mágico, lograremos atontar lo suficiente al pitufo y de paso le vamos quitando esa fea tendencia a la rebeldía.
6. ¿Tiene la menopausia?. Es una terrible enfermedad de las mujeres que hay que tratar con hormonas, que curiosamente tienen más efectos secundarios que ventajas.
7. Menopausia masculina: el hombre pierde vigor, el piticlin empieza a funcionar peor. Pero disponemos del tratamiento fantástico: Viagra y hormonas masculinas y hormona del crecimiento.
8. Disfunción sexual femenina: una de cada tres mujeres “sufren” de falta de deseo, con el grave malestar y pérdida de calidad de vida y la consiguiente pérdida en las relaciones personales. Pero como las mujeres son tan complicadas ellas, aún no hay una pastillita, pero la habrá, sino, al tiempo.
9. Atención padres: hay una auténtica endemia de dismetrías de miembros inferiores y escoliosis infantil. Es que los niños ya no salen perfectos. Les da por ser asimétricos, pero no hay nada mejor (ni más incomodo) que tratar para siempre con una alza de ¡¡¡medio centímetro¡¡¡. No se nos vaya a herniar.
10. Las arrugas suponen una terrible enfermedad de la piel que suele afectar a personas con más de 40 años. Hay que operarse porque de otra manera seremos imperfectos y nuestra autoestima depende de ello.
11. ¡¡¡Hágase un chequeo¡¡¡. Contra más completo sea, más patologías le vamos a sacar y más pastillas le vamos a vender. Quién busca algo encuentra. Es lo que tiene no ser perfecto. No olvide incluir unas cuantas Resonancias magnéticas. Con ellas tendrá aseguradas varias enfermedades como protrusiones discales, roturas de meniscos en personas de más de 50 años, pinzamientos varios y un largo etcétera de “enfermedades” que nada tienen que ver con sus molestias.

La Medicina ha conseguido grandes avances y los buenos profesionales serán capaces de curar o mejorar muchas enfermedades que se pueden sufrir a lo largo de la vida. Pero la mejor manera de vivir en salud es autogestionándola.

En el blog http://wordpress.eldedoenlallaga.com/category/enfermedades-inventadas/ da las claves para autogestionar nuestra salud:
• Informarnos
• Cuidarnos, querernos, perdonarnos
• Comer mejor
• Ser menos sedentarios
• Potenciar nuestro sistema inmunitario
• Revisar nuestras emociones y pensamientos
• Sintonizar con las necesidades de nuestro cuerpo: llorar si quiero llorar, descansar cuando estoy cansado, etc.
• Descubrir qué queremos hacer en la vida antes de que sea la propia vida la que nos obligue a pensar de golpe y sea tarde (enfermedad grave, accidente, divorcio, duelo, cualquier crisis existencial)
• Relajarnos, meditar, rezar
• Armonía con el medio
• AMOR y GRATITUD
• Si ya estás enfermo: Contrastar diagnósticos con otras fuentes de información y otros tipos de medicina. Investigar sobre las explicaciones emocionales y metafísicas a la enfermedad. Buscar la causa final en nuestra propia vida y no solo el síntoma físico. Y entender que no somos responsable DE nuestras enfermedades sino que somos responsables ANTE nuestras enfermedades.

sábado, 21 de abril de 2012

Recortes en Sanidad

Creo que la Sanidad pública española es el avance social más valorado del Estado del bienestar en España. Pocas cosas como la Sanidad son tan equilibradas, justas y redistribuidoras de riqueza. Además, con sus fallos, que son muchos, tiene un nivel de calidad altísimo.

Los recortes del actual gobierno son injustos, innecesarios y poco eficaces.

El copago de recetas es absurdo. Según los que lo impulsan, va a ahorrar 200 millones de euros: FALSO.

El sistema de control para verificar los ingresos de cada usuario se llevará la gran mayoría de ese ahorro, porque no sólo hay que verificar 45 millones de tarjetas, metiendo los datos en cada una de ellas, es que posteriormente hay que verificar si las circunstancias económicas de cada usuario cambian con el tiempo. Aumenta de manera espectacular la burocracia y ésta se llevará el tan pretendido ahorro.

Se van a quitar medicamentos que supuestamente tienen un perfil terapéutico bajo y se va a potenciar el uso del medicamento genérico y, éstos, se adquirirán mediante subasta: FALSO.

Uno de los grandes errores del sistema sanitario ha sido la potenciación de la multirreceta. Si se tienen pocos minutos para atender a un paciente, el médico tiende a solucionarlo todo a base de recetas (que se tardan unos segundos en rellenarlas) en vez de explicar al paciente modos de vida más sanos (que se tardan 15minutos). Por ejemplo, en mi propia experiencia, si viene una señora con dolor de pies, tardo 10 segundos en rellenar una prescripción de plantillas. Si le explico el tipo de calzado que debe usar para que los pies no le duelan y la convenzo de que el uso del calzado femenino es pésimo, tardo 10 minutos. Una plantilla cuesta al sistema 98 euros y no le resuelve el problema a la señora. El uso de calzado adecuado le solucionará el problema, no cuesta nada al sistema y estoy educando a la población en salud.

Así, si quitan medicamentos con poca eficacia (que suelen ser los más baratos), el médico se va a limitar a recetar otros, más caros.

El problema no radica en el precio de los fármacos, que también, sino en el abuso generalizado de su prescripción. Además, esto genera en la conciencia colectiva que salud=fármacos. Ir al médico equivale a que te tiene que recetar algo que solucione cualquier dolencia que tengas. Y nada más lejos de la realidad. Calculo que en España, el 70% de las recetas, no deberían haber sido prescritas. Sólo con este ahorro, se conseguiría mucho más que con todos los ahorros que ha propuesto el PP

¿Cómo se consigue este ahorro?: más tiempo por paciente y controlar más la prescripción de los médicos en el sentido de que sea una prescripción de calidad, sujeta a la mejor evidencia científica disponible.

Y por último, para no cansar al personal (hay muchas más cosas), echo en falta lo más sensato, lo que realmente hay que hacer y que brilla por su ausencia en estos recortes. Se habla sólo de recortes…pero no se habla para nada de racionalizar la gestión. Con una buena gestión de los recursos de los que se disponen, podríamos tener una Sanidad infinitamente mejor, comparable a la mejor sanidad privada de USA, con un coste mucho menor, sin recortar ni un solo derecho. Pero gestionar bien no es tan fácil como recortar por lo sano…..

lunes, 5 de diciembre de 2011

Sanidad pública

Pocos aspectos de la vida social suscitan tanto consenso como la bondad del sistema público de salud.

Sin embargo, negros nubarrones se ciernen sobre ella. Es de gran calidad, pero demasiado cara, al menos para los ingresos que obtiene el Estado.

Pero no es cara por los sueldos que se cobran (mucho más bajos que los de nuestro entorno) sino por otras circunstancias fácilmente subsanables, si hay verdadera voluntad para solucionarlos. Todos, en mayor o menor medida, somos responsables de ese gasto excesivo y, por consiguiente, somos responsables de solucionarlos.
Los tres actores principales son:

1. Gestión económica.
Es realmente desastrosa y bochornosa. No se gestiona, simplemente se ingresa y se gasta sin el más mínimo control. Las deudas son desorbitadas y lo único que se ha hecho para reducir los costes no ha sido mediante una gestión eficaz, sino bajando el 5% de los sueldos, cerrando plantas y consultas y retrasando el pago a los proveedores.

¿Porqué se gestiona tan mal?. Porque los gestores no son profesionales. Son médicos/políticos que poco o nada saben de economía. Un ejemplo de pésima gestión es la mala costumbre de crear unidades quirúrgicas de alto nivel, como cirugía cardiaca pediátrica, en todas y cada una de las ciudades españolas. Ello conlleva un gasto extraordinario y no sólo no mejora la calidad sino que la empeora de manera espectacular. Son intervenciones muy complejas y poco frecuentes que, al repartirse entre 50 equipos, ninguno de ellos llega a tener la suficiente experiencia como para tener unos buenos resultados. Es preferible que en toda España hayan dos unidades hiperespecializadas que sean las que lo operen todo. Esos dos equipos conseguirán tener una enorme experiencia y calidad y el coste para el sistema será mucho más pequeño. Pero el político se pone medallas cada vez que abre un nuevo servicio en su pueblo.

2. Personal.
Los médicos tenemos barra libre para solicitar pruebas y poner tratamientos, algunas veces muy caros y sin sentido. No se trabaja de cara a ser más productivo sino para tener los menos problemas posibles en el día a día y, si pidiendo una Resonancia, nos quitamos a un paciente coñazo, la pedimos. Por otro lado está el grave problema del absentismo laboral que, en algunos sectores llega a ser del 30%.

Hay miedo a trabajar según productividad. La igualdad se ha impuesto y gana lo mismo un profesional de primer orden con resultados extraordinarios a nivel mundial que el que resuelve diez veces menos trabajo y con menor calidad. En Medicina están perfectamente estandarizados por procesos la productividad de la inmensa mayoría de acciones que se realizan. Incentivar al buen profesional con más sueldo es equitativo y deseable y, al final, le resulta más rentable al sistema pues hay más posibilidades que el profesional mediocre mejore.

Los pacientes con enfermedades graves, como por ejemplo los que necesitan de un transplante, no tienen conocimiento directo de los resultados que obtienen distintos equipos a nivel español. Sería deseable que se publicaran los resultados que obtiene cada unidad en cada patología de importancia para que el paciente pudiera elegir acudir al mejor centro. A su vez, los mejores centros, a los que acuden más pacientes, deberían ser estimulados pagándoles más y, a los peores, se les restaría dinero.

3. Usuario
Hay tendencia al abuso de servicios cuando son gratuitos (o esa es la impresión de muchos). Cualquier patología, por banal que sea, es subsidiaria de acudir a un servicio de urgencias, al médico de cabecera o incluso exigir pruebas complementarias caras “para quedarse tranquilos”.

Se insiste en acudir al “especialista” por cualquier tontería, cuando éste sólo está para tratar a pacientes complejos que no puede atender el médico de cabecera.

Cualquier prestación pensada para unos pocos que la necesitan se tiende a universalizar, como por ejemplo el calzado ortopédico o las plantillas.

Se aplauden todas las iniciativas que pretenden poner en cada pueblo unidades muy avanzadas, con el inmenso coste y pésima eficacia que ello supone. M

Muchos creen que tienen derecho a todo, cuando sólo tienen derecho a lo que realmente necesitan.

Nuestra Sanidad tiene unos niveles de calidad muy altos y no creo que sean necesarios recortes sino buena gestión por parte de unos y responsabilidad por parte de los demás.

martes, 11 de octubre de 2011

Maestro

Quería ser maestro. Esa ha sido siempre mi gran pasión. No era sólo un trabajo, era mi ser.

Pero no me atreví en su día. No me gustaba como se desarrollaba la profesión, por un lado, y por otro, a mis 18 años, me atrajo el dinero de mi otra gran pasión: la medicina.

No sé si acerté o me equivoqué, eso es lo de menos. Lo importante es como se han desarrollado mis vivencias con lo que elegí.

Pero antes contar que tipo de maestro quería ser.

En la serie “Crónicas de un pueblo”, una de las figuras centrales era el maestro. Un maestro que se las apañaba para tener en una única clase a todos los alumnos, desde los más pequeños hasta lo mayores. Sería su profesor desde los seis años hasta que terminaran los estudios.

Supongo que hoy en día esto sería un sacrilegio pedagógico. Pero es lo que me entusiasmaba. Mis inexistentes alumnos iban a saber bastante poco de matemáticas, física, química o religión. Los pobres las pasarían moradas para subsistir en una selectividad.

Pero sabrían mucho de la vida, la naturaleza, las pasiones, las emociones, la felicidad, la angustia.

Sabrían de insatisfacciones y sus porqués.

Sabrían de cómo educar y no domar a sus futuros hijos.

Sabrían de rebeldía constructiva, de criticar sin herir y de mansedumbres autodestructivas.

Disfrutarían leyendo los libros que a cada uno de ellos le interesara.

Aprenderían de dependencia y de abrirse paso por la vida aportando y no restando.

Sabrían que lo social empieza por lo individual y que el egoísmo bien entendido, aquel que te sirve para hacer lo que realmente deseas y no lo que supuestamente debes hacer por los demás, termina siendo lo más solidario, por ser real y no agotador.

Me da la impresión que un chico que se enfrente al mundo con estas armas será capaz de ser un genio de las matemáticas, física, química o biología, sin haberlas dado en su infancia.

Pero elegí ser médico y no me arrepiento. He aprendido a amar profundamente lo que hago. Pero no soy un médico al uso. Uso muy pocos fármacos, pocas pruebas complementarias y pocas palabras técnicas altisonantes. Soy un docente de la medicina. Explico muchísimo más de lo que receto e intento dar las claves para mantenerse en salud y no enfermar. Para ello no son suficientes la dieta sana y el ejercicio. Mucho más importante es aprender a mantener la salud emocional.

Enfermamos en ocasiones por los genes, otras por infecciones inevitables, otras por malos hábitos en nuestra vida, pero sobre todo enfermamos porque sufrimos inútilmente….porque nuestro maestro de primaria y secundaria no nos enseñó más que matemáticas, física, química y biología.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Salud y ejercicio

No hay dudas. Son cientos de excelentes artículos científicos los que proclaman que el ejercicio físico es un pilar básico para mantener la salud.

Os propongo que respondáis a una sencilla pregunta:
¿Qué preferís: ir muchas veces al gimnasio o al médico?.

No es una tontería, está totalmente demostrado. Los que van mucho al gimnasio casi nunca necesitan ir al médico y viceversa.

Tras responder a esta sencilla pregunta, actúa en consecuencia: usa la tarjeta de entrada al gimnasio o prepárate a usar con frecuencia la tarjeta de la Seguridad Social.

domingo, 22 de mayo de 2011

Dolor de pies

El dolor de pies se puede deber a multitud de causas. Algunas estructurales, otras genéticas, traumáticas o por distintas enfermedades.

No voy a entrar en este difuso y confuso universo siendo exhaustivo con todas estas patologías. Prefiero hacer una reflexión.

Si los hombres y las mujeres tenemos los mismos pies (algo más olorosos en ellos), ¿cómo es que en mi consulta, casi todos los pacientes con dolor de pies son mujeres?.

¿Tendrá algo que ver el calzado que usamos unos y otras?.

Analicemos.

Los tacones de 20 cm ¿sirven para andar mejor y evitarnos molestias en nuestros dedos en martillo?.

Esas zapatillas absolutamente planas, tan monas y ligeras ellas, ¿están concebidas para que nuestros talones disfruten de un bienestar sin parangón?.

Y qué me dicen de esos diminutos zapatitos, tipo Cristal de Cenicienta, terminados en un filo imposible para acoger maternalmente nuestros deditos ¿habrán sido creados para disfrute y deleite de nuestros juanetes?.

Prevengamos.

Si a los hombres nos duelen poco los pies, usad zapatos con hormas similares a las de caballero.

lunes, 18 de abril de 2011

domingo, 17 de abril de 2011

viernes, 7 de enero de 2011

Exigencia hacia los demás

Para entender mejor esta entrada es deseable leer la anterior.

Si negativa es la autoexigencia excesiva, la exigencia exagerada sobre los demás es, además, injusta. Y también es la fuente principal de maltrato infantil (entre otras formas de maltrato).

¿Cuál es el objetivo de la educación?
A mi juicio, la educación consiste en desarrollar plenamente la personalidad del ser humano. Pero la personalidad concreta de ese niño. No consiste en forzarle a que el crío asuma nuestros valores y que sea como nosotros queremos que sea, trabaje en lo que queremos, profese nuestra religión o siga nuestras ideas políticas, sino en que desarrolle su entendimiento para que encuentre, por sí mismo, sus propios valores. Supone respetarlo desde que nace y enseñarle a respetarse y respetar a los demás.

Resumiendo: educar no consiste en crear discos duros donde se meten conocimientos y valores sino en FORMAR INVESTIGADORES, niños curiosos que sepan buscar lo que les interesa y se formen de acuerdo a su propio ser. Seres que piensen más y traguen menos.

Exigencia hacia los demás
Siguiendo la misma línea de pensamiento de la anterior entrada:

La exigencia hacia los demás (hijos por ejemplo), en última instancia, es la consecuencia de las expectativas que tenemos sobre nuestros hijos. A más expectativas, más exigencias y, cuanto mayores son las expectativas que tenemos, el nivel de exigencia es más elevado. Por otro lado, nuestras expectativas están íntimamente relacionadas con la imagen que deseamos proyectar y que proyecten nuestros hijos o con la imagen que creemos que los demás tienen de nosotros.

Así pues, una imagen deseada para nuestros hijos demasiado elevada y no realista, conlleva unos niveles demasiado altos de exigencia.

Cuando les exigimos, ponemos en marcha sus mecanismos biológicos de stress, que conllevan abundante suelta de adrenalina y esteroides, que les pone en estado de alerta, lo que les hace mucho más eficaces en la resolución de problemas. Pero un exceso de stress lleva a problemas psicológicos, como la ansiedad y la depresión.

El siguiente diagrama lo expone de forma más clara y concisa.

Imagen→Expectativa→Exigencia→Stress→Ansiedad.

Y ésta es exactamente la sociedad que tenemos: un conjunto de personas a las que se ha exigido desde que nacieron por encima de sus posibilidades o exigidos para que sean distintos a su propia naturaleza, para que complazca la imagen que los padres quieren que tengan sus hijos, lo que lleva a niveles bajos de autoestima y niveles altos de stress y ansiedad.

Hemos poblado nuestro mundo de seres que luchan denodadamente para cumplir con la imagen que sus padres han fabricado para ellos y, para cumplir con esas expectativas, nos exigimos cada vez más, lo que nos conlleva más y más stress.

Esos niños serán adultos, tendrán hijos y los educaran de la misma manera que han sido educados ellos si, por medio, no ha aparecido la autocrítica y se ha huido del borreguismo.

No respetar la esencia de nuestros hijos y querer que cumplan nuestras expectativas, es la forma de maltrato más frecuente y menos visible que tenemos.

sábado, 1 de enero de 2011

Autoexigencia

La exigencia, en última instancia, es la consecuencia de una expectativa. A más expectativas, más exigencias y, cuanto mayor es la expectativa que tenemos, el nivel de exigencia es más elevado. Por otro lado, nuestras expectativas están íntimamente relacionadas con la imagen que deseamos proyectar o con la imagen que creemos que los demás tienen de nosotros.

Así pues, una imagen propia demasiado elevada y no realista, conlleva unos niveles demasiado altos de exigencia.

Cuando nos exigimos, ponemos en marcha los mecanismos biológicos de stress, que conllevan abundante suelta de adrenalina y esteroides, para ponernos en estado de alerta, lo que nos hace mucho más eficaces en la resolución de problemas. Pero un exceso de stress lleva a problemas psicológicos, como la ansiedad y la depresión.

El siguiente diagrama lo expone de forma más clara y concisa.

Imagen→Expectativa→Exigencia→Stress→Ansiedad.

Si queremos combatir la ansiedad crónica, no es suficiente luchar contra el stress, que no es la fuente, ni siquiera contra la exigencia ni las expectativas. Hay que ir al origen: a nuestra imagen, a la que creemos tener o la que creemos que los demás tienen de nosotros.

Para intentar una aproximación segura, eficaz y realista a nuestro verdadero ser tenemos que hacer un ejercicio de internalización. No fijarnos en apariencias externas ni en las reacciones de los demás, sino que tenemos que hacer un ejercicio de introspección, de meditación serena y honesta con nosotros mismos.

Tenemos que pasar de la imagen (apariencia) al ser íntimo y real. No debemos pensar en lo que quieren o esperan los demás de nosotros, sino en lo que realmente queremos nosotros. Tenemos que dar un paso gigantesco: desaprender mucho de lo aprendido, criticar y analizar lo que nos ha venido impuesto desde siempre. Debemos aprender a ser egoístas (no egocentristas) de manera equilibrada, es decir, atender nuestro propio interés sin olvidar o menoscabar los ajenos. Debemos comprender cuáles son realmente nuestros deseos y necesidades y saberlos diferenciar de lo que los demás esperan de nosotros y actuar en consecuencia: hacer y ser lo que realmente nosotros queremos hacer y ser. Sólo así nos respetamos y queremos. Sólo así hay una autoestima adecuada. Y sólo así aprendemos a respetar y querer, de verdad, con amor generoso, a los demás y nos podemos dar a ellos en cuerpo (nuestro verdadero cuerpo) y alma (nuestra verdadera alma).

Cuando nos conocemos de verdad, nuestras expectativas son realistas y se corresponden con nuestro ser y, en este caso, nuestro nivel de exigencia será adecuado y adecuados serán también los mecanismos de stress que pongamos en marcha, por lo que conseguiremos objetivos deseados sin la carga de la ansiedad.

martes, 28 de diciembre de 2010

Psicópatas (intoxicadores)

Desde hace algún tiempo, por cuestiones que han afectado profundamente a mi entorno, estoy muy interesado en el tema de los psicópatas.

Desde un punto de vista semántico, las palabras que describen a estos sujetos, psicópata o sociópata, no me terminan de gustar porque incluye el sufijo pathos, que implica de alguna forma “enfermedad”. Y no son enfermos. Mi pareja los llama intoxicadores y creo que, desde este prisma, son más fácilmente reconocibles.

Lo que me motiva a escribir esta entrada es precisamente esto: ayudar a reconocerlos, porque es realmente difícil.

Cuando se habla informalmente de psicópatas, a la mayoría les vienen a la cabeza personas que cometen crímenes atroces, violaciones múltiples, asesinatos en cadena, etc. Y sí, en su mayoría estos sujetos son psicópatas, pero son una ínfima cantidad y muy extrema, de estos intoxicadores.

Para centrar el tema, las estadísticas nos muestran que entre el 2 y el 4 % de los sujetos son psicópatas. Es decir, que uno entre 25-50 personas lo es. Teniendo en cuenta que de media nos relacionamos en un momento concreto de nuestra vida, con unas 200 personas, estamos teniendo contacto directo con 4-8 psicópatas más o menos a diario.

Definición
Vamos a intentar hacer lo que estos sujetos no saben: meternos en su pellejo. Imaginaos que os operan el cerebro y os dejan sin sentimientos de culpa, sin ningún cargo de conciencia por nada malo que hagáis. Que no sintáis ningún tipo de preocupación por los demás, incluyendo a vuestros familiares, ni ningún remordimiento por ningún daño que causéis. Que no os sintáis responsables de nada ni de nadie.

Todos asumimos que la conciencia y la empatía (en mayor o menor medida) es universal entre seres humanos, pero tras esta hipotética intervención quirúrgica de nuestro cerebro, nosotros no las tenemos, no poseemos ese “molesto freno”. Así que podemos ocultar el hecho de que no tenemos conciencia casi sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Estamos libres de restricciones internas, y esta libertad desenfrenada para hacer lo que te apetezca, sin remordimientos de conciencia, es una ventaja para nosotros entre otras cosas porque los demás no se dan cuenta.

Pues una de cada 25 personas es así de nacimiento, tienen un cerebro diferente.

No estamos comúnmente enterados, y por lo general tampoco identificamos a la gran cantidad de sociópatas no violentos que se encuentran entre nosotros, gente que a menudo no son infractores descarados, y contra quienes nuestro sistema jurídico oficial proporciona poca defensa.

La mayoría de nosotros no podría imaginar ninguna correspondencia entre la concepción de un genocidio étnico y, por ejemplo, el hecho de mentirle a su jefe sobre un compañero de trabajo sin sentir culpa alguna. Pero la correspondencia psicológica no sólo está allí; es escalofriante. Sencillamente, la relación está en la ausencia del mecanismo interno que nos tortura emocionalmente cuando elegimos hacer algo que vemos como inmoral, falto de ética, negligente o egoísta.

La mayoría de nosotros se siente ligeramente culpable si se come el último trozo de torta que queda en la cocina, e imagínese pues lo que sentiríamos si nos pusiéramos a lastimar a otra persona a propósito y de manera metódica.

Los que no poseen absolutamente ninguna conciencia constituyen un grupo por sí solos, así sean tiranos homicidas o simplemente francotiradores sociales despiadados.

La presencia o la ausencia de conciencia son una seria división humana, y podría decirse que es más significativa que la inteligencia, la raza, o hasta el género.

Lo que distingue a toda esta gente del resto de nosotros es un agujero completamente vacío en la psique, en donde deberían estar las funciones de humanización más desarrolladas. [Martha Stout, Ph.D., The Sociopath Next Door (El Vecino Psicópata)] (altamente recomendado).

"Agradable," "encantador," "inteligente," "despierto," "impresionante," "inspirador de confianza," y "un gran éxito con las damas": estas son las clases de descripciones usadas en varias ocasiones por Cleckley en su famoso estudio sobre psicópatas. También lo son, por supuesto, "irresponsable," "autodestructivo," y adjetivos semejantes. Estas descripciones destacan la gran frustración y los misterios que rodean el estudio de la psicopatía.
Los psicópatas parecen tener en abundancia aquellos rasgos más deseados por las personas normales. La despreocupada confianza en sí mismo del psicópata parece casi como un sueño imposible, y es generalmente lo que la gente "normal" intenta adquirir cuando asiste a talleres para ganar seguridad en sí mismo. En muchos casos, la atracción magnética del psicópata hacia los miembros del sexo opuesto parece casi sobrenatural.

Suelen ser unos grandes seductores, no sólo con el sexo opuesto, sino también con el propio. Suelen encontrar personas que los encumbran y admiran. Y a la vez escogen víctimas a las que intentan descalificar, humillar y acosar de manera continuada. Suelen hacerlo con un gota a gota, apenas visible para nadie, pero corrosivo a largo plazo para el que sufre este tipo de acoso continuado.

El sarcasmo suele ser una de sus mejores armas. Pequeñas “bromitas” sobre la víctima para ridiculizarla, nada que parezca importante a ojos de los demás, pero que cuando se multiplican en el tiempo (y en el número de compañeros que se suman a las “bromitas”) consiguen que la víctima quede descalificada a los ojos de su entorno y a los propios con el consiguiente daño en la autoestima.

Otras armas son las quejas continuadas sobre la víctima, o el llamar la atención sobre sus defectos (reales o imaginarios), reirse de sus ideas, sentimientos o actos, cualquier cosa que desacredite a su/sus víctimas.

Sus víctimas pueden ser sus hijos (la víctima se convierte en la oveja negra de la familia), sus parejas (buena parte de los maltratadores son psicópatas), amigos, vecinos, compañeros de trabajo, socios, etc.

El narcisismo también es una forma de psicopatía.

Cleckley piensa sobre lo que de verdad “era realmente anormal” en esta gente. Llega a estar muy cerca de sugerir que son humanos en todos sus aspectos – salvo en el hecho de que carecen de alma. Esta carencia de “calidad de alma” hace que sean “máquinas” eficientes. Pueden ser brillantes, escribir obras eruditas, imitar las palabras de la emoción, pero con el tiempo llega a estar claro que sus palabras no corresponden a sus acciones. Son el tipo de persona que pueden quejarse de estar siendo devastadas por la pena y que después van a una fiesta "para olvidar." El problema es que realmente SE OLVIDAN.

En pocas palabras, el psicópata - y el narcisista en un menor grado - es un depredador. Si pensamos en la interacción entre los depredadores y sus presas en el reino animal, podemos llegar a tener una cierta idea de lo que se esconde detrás de la "máscara de la cordura" del psicópata. Del mismo modo que un animal depredador adoptará toda clase de funciones furtivas posibles para acechar a su presa, sacarla fuera de la manada, acercársele y disminuir su resistencia, el psicópata construye todo tipo de camuflaje elaborado compuesto de palabras y apariencias - mentiras y manipulación - para "asimilar" a su presa.

¿Porqué me gusta hablar de intoxicadores?
Por que en donde están consiguen crear un clima tóxico, venenoso. Intoxican todo lo que tocan, crean mal ambiente allá donde van y muchas veces, tras enrarecer el ambiente, casi nadie es capaz de saber quién es el responsable. Saben como enfrentar a las personas y disfrutan con ello.

En el tebeo de Astérix y Obelix, “La cizaña”, caracterizan a un intoxicador a la perfección.

En Internet abundan estos sujetos. Se sienten seguros bajo el anonimato y no tienen nada que perder.

Lo único que les para es el miedo a las consecuencias de sus actos (cárcel, despido, denuncias, etc) no su conciencia, por que no la tienen.

No hay tratamiento. Cuando se consigue desenmascarar a uno lo único que se puede hacer es apartarse de ellos.

Agradezco a la página Psicopatía y ponerología su magnífica labor. Muchas de las ideas que aquí se exponen se las debo a ellos. Algunos párrafos los he copiado literalmente (los mejores sin duda).

Agradezco también a Kaken, que los ha sufrido en sus carnes, y me ha enseñado a verlos y reconocerlos.

viernes, 1 de octubre de 2010

Tipos de temperamento

El temperamento corresponde al modo de ser de la persona, que viene condicionada por los genes y, éticamente, no es bueno ni malo en sí mismo.

Según la clasificación de Sheldon, que es la que más me ha gustado, los tres componentes básicos del temperamento son: la viscerotonía (emocional), la somatotonía (actividad) y la cerebrotonía.

Curiosamente, a cada uno de estos componentes le corresponde un tipo de complexión física: la endomórfica (con mucha grasa), la mesomórfica (con mucho músculo) y la ectomórfica (con poca grasa y poco músculo).

Nadie es exclusivamente viscerotónico, somatotónico o cerebrotónico, sino que todos tenemos un componente más o menos acusado de cada una de estas características. Cuando hay un desequilibrio muy grande a favor de una de las características puede ser motivo de trastornos psicológicos.

Dentro de cada componente hay 20 rasgos.

Llevado a nivel numérico, y para hacerlo más fácilmente entendible, se podría puntuar del 1-10 cada uno de los rasgos en una persona. Teniendo en cuenta que hay cuestiones que son excluyentes (no se puede ser hipersensible al dolor y no sensible al dolor a la vez), si en determinada facetas puntuamos un 7, en la contraria se puntuaría como 3. Así se obtendría un total de 15 puntos repartidos entre los tres componentes. La puntuación 5-5-5 sería una persona muy equilibrada. 9-2-4 sería una persona eminentemente viscerotónica y algo cerebral. Y así, hasta multitud de posibles combinaciones.

Los 20 rasgos son: (V, S y C viscerotónico, somatotónico o cerebrotónico respectivamente)

1 V) Relajación postural y de movimiento
S) Firmeza postural y de movimiento
C) Contención postural y de movimiento. Rigidez

2 V) Gusto por la comodidad física
S) Gusto por la aventura física
C) Respuesta fisiológica excesiva

3 V) Reacciones lentas
S) Dotación energética
C) Reacciones excesivamente rápidas

4 V) Gusto del comer
S) Necesidad y placer del ejercicio
C) Tendencia a la intimidad

5 V) Sociabilidad del comer
S) Afán de dominio. Deseo de poder
C) Sobreactividad mental, excesiva tensión, aprensividad

6 V) Placer de la digestión
S) Gusto por el riesgo y el azar
C) Reserva del sentimiento, control emocional.

7 V) Inclinación a las formas ceremoniosas y corteses
S) Modales directos, osados
C) Movilidad de los ojos y el rostro controlado

8 V) Sociofilia
S) Valor físico para el combate
C) Sociofobia

9 V) Amabilidad indiscriminada
S) Agresividad competitiva
C) Inhibición en el trato social

10 V) Avidez de afecto y aprobación
S) Insensibilidad psicológica
C) Resistencia al hábito y a las actividades rutinarias

11 V) Orientación hacia los demás
S) Claustrofobia
C) Agorafobia

12 V) Uniformidad de la corriente emocional
S) Inescrupulosidad. Carencia de remilgos
C) Imprevisibilidad de la actitud

13 V) Tolerancia
S) Libertad vocal
C) Limitación vocal y represión general del ruido

14 V) Satisfacción
S) Indiferencia espartana al dolor
C) Hipersensibilidad al dolor

15 V) Sueño profundo
S) Estrepitosidad general
C) Sueño ligero; fatiga crónica

16 V) Carácter blando
S) Aspecto de excesiva madurez
C) Juventud en las maneras y apariencia

17 V) Libre y fácil comunicación del sentimiento.
S) Disociación mental horizontal.
C) Disociación mental vertical. Introversión

18 V) Relajación y sociofilia bajo la influencia del alcohol
S) Asertividad y agresión bajo la influencia del alcohol
C) Resistencia al alcohol y a otras drogas deprimentes

19 V) Necesidad de compañía en los momentos de congoja
S) Necesidad de acción en los momentos de congoja
C) Necesidad de soledad en los momentos de congoja

20 V) Orientación hacia la infancia y relaciones familiares
S) Orientación hacia objetivos y actividades de juventud
C) Orientación hacia las etapas ulteriores de la vida

Si nos vamos a los extremos, es decir, una persona con una fortísima componente de viscerotonía, somatotonía o cerebrotonía, (ya digo que son excepcionales) nos encontraríamos lo siguiente:

a) El individuo extremadamente viscerotónico es materialista, cobarde y estúpido, pero no es frígido, sádico ni soberbio.
b) El individuo extremadamente somatotónico es sádico, frígido y estúpido, pero no es cobarde, materialista ni soberbio.
c) El individuo extremadamente cerebrotónico es soberbio, frígido y cobarde, pero no es estúpido, materialista ni sádico.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Adversidad y enfermedad

La adversidad, y sobre todo, la manera de afrontar la adversidad, nos hace enfermar o ser inmunes a la mayoría de enfermedades.

Nuestro principal adversario vive con nosotros. Dentro de nosotros.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Personalidad, temperamento y carácter

Resulta realmente complejo intentar definir, desde el punto de vista psicológico, estos tres conceptos que, demasiadas veces, mezclamos.

El temperamento es el conjunto de las inclinaciones íntimas que brotan de la constitución fisiológica de los individuos.

El carácter es el conjunto de las disposiciones psicológicas que nacen del temperamento, modificado por la educación y el trabajo de la voluntad y consolidado por el hábito.

El temperamento corresponde al modo de ser de la persona, que viene condicionada por los genes y, éticamente, no es bueno ni malo en sí mismo, mientras que llamo carácter al conjunto de acciones, emociones y pensamientos que una persona pone al servicio de una causa externa a la persona misma, y puede ser éticamente bueno o malo según la motivación consciente o inconsciente la impulse a pensar, emocionarse o actuar de la manera en que lo hace.

Según estas definiciones, el temperamento permanece prácticamente inalterado a lo largo de la vida de una persona y no es modificable (al menos de manera significativa), mientras que el carácter, aunque muy influenciado por el temperamento, está sujeto a las interacciones sociales y educación, por lo que sí se puede, y habitualmente sucede, cambiar a lo largo de la vida.

Para comprenderlo mejor, podemos poner el ejemplo de la generosidad.

No sé exactamente cuál es la circunstancia real que hace de límite entre el egoísmo y la generosidad, pero considero a una persona digna de ser llamada generosa cuando participa de él un deseo quemante de ocuparse no sólo de sí mismo y de su círculo íntimo de seres más queridos, sino también de otros seres más alejados y tal vez desconocidos. A esto lo llamaríamos temperamento generoso.

En el extremo de la generosidad, están quienes ayudan a sus vecinos, a sus conciudadanos, a los habitantes de otros países, a los de otras razas, a los que son más pobres o más ricos que ellos, a los que creen en Dios y a los que no creen, a los lindos y a los feos, a los estúpidos y a los inteligentes, a los ladrones, a los violadores, a los asesinos, a los perros abandonados, a los gatos, a los caballos, bueyes y demás bestias que prefieren comer menos y ser libres a tener alimento y esclavitud aseguradas; a las vacas, gallinas y demás animales que tienen tantas ganas de vivir como quienes los mastican; a las ratas, a los mosquitos, a los árboles, a las flores, a la tierra, a los cascotes y a las perchas de sus roperos. Ayudan a todos y a todo y los anteponen a su propio bienestar puntual; y sin embargo son ellos, y solamente ellos, los seres más felices del planeta. ¡Egoísta paradoja la de la generosidad humana!. El que tiene temperamento generoso lo hace porque le sale así, no busca recompensa. Simplemente es así y lo ha sido siempre, desde bien pequeñito.

Pero no siempre una conducta generosa se corresponde con un temperamento generoso. Se puede ser generoso por imposición social o religiosa, por la educación recibida, o por los estímulos positivos que hemos recibido cada vez que hemos sido generosos, que no está mal si tenemos en cuenta que no deja de ser una ayuda. Pero ayudar así sería muy poco placentero, y hasta molesto y doloroso, para quien ofrece su colaboración, y aun el socorrido no se sentirá plenamente gratificado. Esto se parecería más a un carácter que se ha tenido que pelear y trabajar para conseguirlo en contra del temperamento egoísta primitivo.

Personalidad
La personalidad se puede definir como las pautas de pensamiento, percepción y comportamiento relativamente fijas y estables, profundamente enraizadas en cada sujeto. La personalidad es el término con el que se suele designar lo que de único, de singular, tiene un individuo, las características que lo distinguen de los demás. El pensamiento, la emoción y el comportamiento por sí solos no constituyen la personalidad de un individuo; ésta se oculta precisamente tras esos elementos. La personalidad también implica previsibilidad sobre cómo actuará y cómo reaccionará una persona bajo diversas circunstancias.

Las distintas teorías psicológicas recalcan determinados aspectos concretos de la personalidad y discrepan unas de otras sobre cómo se organiza, se desarrolla y se manifiesta en el comportamiento. Una de las teorías más influyentes es el psicoanálisis, creado por Sigmund Freud, quien sostenía que los procesos del inconsciente dirigen gran parte del comportamiento de las personas. Otra corriente importante es la conductista, representada por psicólogos como el estadounidense B. F. Skinner, quien hace hincapié en el aprendizaje por condicionamiento, que considera el comportamiento humano principalmente determinado por sus consecuencias. Si un comportamiento determinado provoca algo positivo (se refuerza), se repetirá en el futuro; por el contrario, si sus consecuencias son negativas —hay castigo— la probabilidad de repetirse será menor.

Formación y desarrollo de la personalidad
Herencia y ambiente interactúan para formar la personalidad de cada sujeto. Desde los primeros años, los niños difieren ampliamente unos de otros, tanto por su herencia genética como por variables ambientales dependientes de las condiciones de su vida intrauterina y de su nacimiento. Algunos niños, por ejemplo, son más atentos o más activos que otros, y estas diferencias pueden influir posteriormente en el comportamiento que sus padres adopten con ellos, lo que demuestra cómo las variables congénitas pueden influir en las ambientales.

Entre las características de la personalidad que parecen determinadas por la herencia genética, al menos parcialmente, están la inteligencia y el temperamento.
Entre las influencias ambientales, el carácter es uno de los componentes importantes en la formación de la personalidad. En la influencia ambiental es importante no sólo el tipo de influencia en sí, sino también cuándo ocurre, ya que existen periodos críticos en el desarrollo de la personalidad en los que el individuo es más sensible a un tipo determinado de influencia.

Las experiencias de un niño en su entorno familiar son cruciales, especialmente la forma en que sean satisfechas sus necesidades básicas (la ternura y el amor son cruciales) o el modelo de educación que se siga, aspectos que pueden dejar una huella duradera en la personalidad.

Las tradiciones culturales también son influyentes en el desarrollo de la personalidad. La antropóloga Margaret Mead convivió con dos tribus de Guinea y mostró esta relación cultural al comparar el comportamiento pacífico, cooperativo y amistoso de una, con el hostil y competitivo de la otra, pese a tener ambas las mismas características étnicas y vivir en el mismo lugar.

Algunos psicólogos sostienen que los rasgos de la personalidad de un individuo se mantienen estables a lo largo del tiempo. Otros piensan que varía según las distintas situaciones a las que se enfrenta. Probablemente este último enfoque sea más correcto pues si bien la personalidad está influenciada por el temperamento (genético), también lo está por la interacción con el entorno, la cultura en que se desarrolla y el carácter del individuo, todo ello cambiante.

Podemos hablar de desarrollo pleno de la personalidad cuando alguien es capaz de nutrirse por sí mismo, sin dejarse influenciar por condicionamientos exteriores a su ser. El hombre de gran personalidad hace, piensa y siente lo que tiene ganas de hacer, pensar y sentir, no lo que le impone su entorno.

Pero no confundamos nunca a quien tiene una gran personalidad con quien pretende imponer la suya a los otros. En apariencia, el "lavador de cerebros" sugiere gran personalidad, pero en realidad las cosas son exactamente al revés. Estos personajes son poseedores de un poder de persuasión magnífico siempre y cuando lo utilicen con personas poco racionales. Pero saber persuadir a los tontos no significa tener personalidad. Más bien es al revés, ya que el hombre de gran personalidad pocas veces llega a ser comprendido por los idiotas. El lavador de cerebros no suele tener ideas propias sino que se traga las ideas de otros y luego las repite fanáticamente. Pero como las traga sin meditarlas cuidadosamente, se le aferran como quistes dogmáticos en el cerebro y ya ningún otro conocimiento, por más que claramente aparezca como superior, puede hacerlo avanzar intelectualmente. El ejemplo clásico es el del fanático religioso. Sus actitudes, pensamientos y sentimientos son iguales a los que aconseja la Biblia, el Corán o cualquier otra fuente de dogmatismo ciego. Si su libro-personalidad perdiera el valor que hoy tiene para mucha gente, su propia personalidad desaparecería. El individuo con gran personalidad se siente halagado si lo imitan, pero sus acciones, pensamientos y sentimientos no se centran en buscar discípulos o imponer su visión a los demás, sino en vivir lo mejor posible. Si los discípulos le llegan, será sólo por añadidura.
También hay que distinguir entre quien no se deja influenciar por el entorno y el cabezón. No dejarse influenciar no significa no aceptar nada que provenga del exterior. En tal caso estaríamos negándonos a sacarles provecho a nuestros sentidos. Quien no se deja influenciar es aquel que recibe la información que le suministran sus receptores sensoriales y al instante la compara detenidamente con sus archivos personales. Si después de esta operación concluye que la información recibida es de mejor calidad que la que él atesoraba, sin vacilar se desprende de la vieja y se queda con la recién ingresada. Sólo el cabeza dura no acepta la validez de ninguna clase de sugestión, y esto es así un poco por capricho y otro poco porque sabe que su atrofiado discernimiento no está en condiciones de ponerse a prueba todos los días. El cabeza dura no evoluciona; la personalidad bien desarrollada, sí.

En próximos post intentaré explicar más a fondo todo este mundo del carácter, personalidad y temperamento, haciendo especial énfasis en los distintos tipos de cada uno de ellos.

Buena parte de esta entrada está inspirada, y en ocasiones copiada, de diversas páginas de Internet. Quizás la más interesante sea:
http://www.monografias.com/trabajos82/temperamento-y-caracter/temperamento-y-caracter2.shtml

domingo, 28 de marzo de 2010

Autismo: ¿neurodiversidad o enfermedad?

Recientemente han diagnosticado al hijo de un amigo de Autismo.

Conozco muy poco de esta condición y me he puesto a mirar por Internet. Al no saber del tema, no sé si la información que he encontrado es de calidad. Tampoco me termina de quedar claro lo que de verdad es un autista, por el amplísimo espectro de formas y maneras de ser autista así como grados muy diferentes. Tampoco me ha quedado claro en que se diferencian los Asperger del autismo, ya que me han parecido lo mismo.

Resumiendo lo que he captado, se trata de una manera diferente de razonar y de relacionarse con el entorno. Mentes que priorizan la sistematización sobre la emoción y los sentimientos. Resumiendo aún más: se parecen a Mr Spock en los casos de autismo con altas capacidades.

Pero el autista con alta capacidad no es la regla, sino la excepción. Hay autismos profundos con capacidades bajas, que dependen de los demás para subsistir.

Lo que más me ha llamado la atención es que hay una corriente de autistas (de alta capacidad la mayoría) que defienden que el autismo no es una enfermedad, sino una forma de ser que no requiere de tratamiento ni curación. No es una patología sino una condición. Que no es lo más frecuente pero es normal. Muchos padres de autistas no están de acuerdo con esta corriente.

Los autistas han creado el término neurodiversidad. Lo justifican en base a:

·En el autismo se dan diferencias neuroanatómicas en el cerebro, pero no tienen porqué ser anormales. Según su esquema, ellos son neurodiversos y los demás neurotípicos. Hoy en día se sabe que estas diferencias son de origen genético, es decir, no tiene su origen en un factor patógeno, como virus o sustancias químicas, o sea, no ha habido nada que haya dañado su cerebro, sino que han nacido así.

·Se quejan de que tanto los investigadores, médicos, psicólogos y demás profesionales, como sus propias familias, se han centrado en los aspectos negativos del autismo haciendo que el comportamiento autista no sea válido (a ojos de los neurotípicos), lo que conlleva la posibilidad de alimentar una autoestima baja al favorecer un autoconcepto negativo. Es preferible asumir que tienen una forma peculiar de percibir e interpretar el mundo que les rodea y unos comportamientos y formas de reaccionar diferentes.

·Un gran número de autistas que pueden expresar sus opiniones acerca del autismo rechazan la posibilidad de una cura para el autismo.la posibilidad de una cura para el autismo. Esto no es usual en personas afectadas por una verdadera enfermedad.Muchos autistas reportan que el autismo les provee de una manera especial de entender el mundo o de algún don extraordinario. Algunos dicen que el autismo es "algo bonito".

·Existe evidencia de que los autistas tienen ciertas capacidades cognitivas en mayor grado que la población general.

·El autismo no parece afectar la esperanza de vida de una persona.

·El término neurodiversidad es mucho mejor que desorden en cuanto a lo que se refiere a la autoestima de los afectados.

·Existe precedente. La homosexualidad fue considerada una enfermedad mental hasta 1973, cuando fue eliminada del DSM.

Por contra, el comportamiento autista muchas veces presenta dificultades significativas a los familiares de la persona afectada.

El comportamiento autista hace que sea difícil integrar a la persona afectada a las actividades de la comunidad.

El comportamiento agresivo y auto-dañino de algunos autistas puede resultar muy perjudicial tanto para la persona afectada como para los que la rodean.

Hay muchos autistas que no pueden expresar sus opiniones acerca del autismo. Dada la naturaleza del mismo, no se pueden hacer generalizaciones sólo por lo que piensa una minoría de los autistas.

Mi impresión personal, y según la definición de enfermedad de la OMS (que no me gusta precisamente), es que no se puede generalizar. Hay autistas que sólo son diferentes y hay que respetar esas diferencias y otros que no se pueden valer por sí mismos, y éstos sí entrarían de lleno en el concepto de enfermedad.

He copiado algunas partes de esta entrada de diferentes páginas.